Este artículo es original, está
escrito por mí y no lo he copiado de ningún sitio. Son mis reflexiones
sobre esta vida surrealista que nos ha tocado vivir.
Yo tengo unos 15 o 20 sujetadores, pero sólo uso cuatro, los demás son
inservibles o imponibles, la mayoría sin estrenar. Porque hay que ver lo
que cuesta encontrar el sujetador perfecto.

Te levantas por la mañana y te das cuenta de que no tienes a mano ninguno
de tus sujetadores favoritos, no importa, como tienes unos cuantos sin
estrenar echas mano de ellos. Claro que por algo están sin estrenar. Coges
el primero, le quitas la etiqueta, lo miras y lo remiras, pues de bonito
no tiene nada, pero esperemos que agarre, que al fin y al cabo, es su función.
Lo agarras de los tirantitos y te lo pones, con cuidado para tantear. La
cinta de abajo, la que se ata alrededor del cuerpo, te queda, justo, encima
de las tetas. Vaya, este parece que es un poco pequeño, no, que vá, que
tiene los tirantes sin ajustar , que viene con los tirantes al tope. Así
que haces un ejercicio de pericia. Agarras una de las copas con las dos
manos, y como si fuera un cazamariposas, hala, la teta derecha para dentro.
Ya tienes la derecha justo debajo de las amígdalas y la izquierda a la
altura de la rodilla. Con cuidado de que no se escape la derecha repites
la operación. Agarras la copa izquierda, te agachas para recoger la teta
correspondiente y hala, pa dentro también. Y sin moverte mucho, no vaya
a ser que se escapen te atas a todo correr. En esto te queda la cinta de
la espalda a la altura de la nuca. Vaya engendro. Pero ya intuíamos que
tiene los tirantes muy ajustados. Sin quitarte el sujetador (faltaría mas!)
haces un ejercicio de contorsionismo circense y te aflojas los tirantes,
primero uno, y luego vuelves a hacer con los brazos lo que Lina Morgan
hace con las piernas y te aflojas el otro. Mucho mejor. Las tetas han bajado
a una posición mas normal y puedes volver a respirar. En esto te das cuenta
de que se te escapa la mitad de cada susodicha por el lateral, cerca del
sobaquillo. Te las recompones. No hay manera, esto va pequeño. Y encima
vaya feo que es. Que no, que este sujetador es una mierda, que si me lo
probé a todo correr, que si a mi tierna edad de adolescente me han crecido
las tetas… que no te lo explicas, vaya.
Entonces coges otro. Este parece mas grandecito. Te lo pones sin problema,
sin tener que cazarlas al vuelo, oye, que comodidad, y los tirantes perfectos,
ni tocar. Y te lo atas, toda contenta, hasta que te das cuenta de que te
sobra la mitad de la copa. Vamos que entre teta y copa cabe un melón de
Villaconejos. Y tú cómo has comprado esto, un sujetador que le vale a Dolly
Parton. Se habrá dado de sí? Me lo probé a todo correr? Me han menguado?
Lo llevo y aunque no agarre nada al menos me las calienta?Y al final vas
al colgador, en tetas porque tienes prisa, y ves limpito, delante de tus
narices uno de tus sujetadores fetiche, que gusto.
Y que pena que sólo tengo tres.