martes, 22 de enero de 2013

Mi cuerpo necesita relax, y no una cabina de plexiglás

(Grupalia, Groupon, Let´s Bonus y Offerum: PARTE 1)
 
Este título hace referencia  a la proliferación de webs que ofrecen chollos, gangas y ofertas en forma de cupón. Masaje balinés con cañas de bambú + pedicura+ hamburguesa con queso light por 10€. Corte de pelo+ peinado+ tratamiento de keratina con formol cancerígeno + férula dental por 25€. Chuletón con tres postres a elegir + batamanta personalizada por 15€. Luce una figura sin igual con 27 sesiones de presoterapia + 57 de plataforma vibratoria + tinte de pestañas a tu mascota por 49€.
 
 
 
Tengo que reconocer que ante lo extravagante de las ofertas y lo atractivo del precio he comprado varios, pero lamentablemente algunas experiencias han sido desastrosas.
 
Lo primero la puesta en escena. En recepción dos fotos de modelos ochenteras hasta arriba de maquillaje y desparramados por el mostrador toda suerte de productos de belleza de marcas indocumentadas . Te atiende una señorita (de ahora en adelante “estheticien”) con extensiones, uñas de porcelana y tres piercings. Te llama “cari”, “chati” o cualquier otra vulgaridad por el estilo.Te acompaña, muy solícita, a tu “cabina de belleza”. La cabina, no es cabina, sino cubículo. Cubículo de dimensiones liliputienses separado por un biombo de plexiglás de otro semejante.  Al ir a tumbarte le das una culada al biombo, te pegas un rodillazo contra la camilla, te tropiezas con un cable de un chisme de presoterapia  y le pegas un codazo a la estheticien.Por si fuera poco, tu cubículo da a la calle, con lo que oyes el ruido de los coches, una madre recriminando a su hija que se ha comido el Phoskito de un bocao y un jubilado amenazando con denunciar al alcalde por poner baldosas resbaladizas. Por si esto fuera poco no existe la calefacción. Te vas  a dar un masaje, te pones en pelotas y se te pone toda la piel de gallina. Relajación total. A este espacio zen de calma sin igual hay que añadirle la luz. De cocina, incluso de quirófano de alta gama. Y de repente ves tres pelos, brillantes, exultantemente  vigorosos y negros azabache, bien plantados en tus piernas. No quieres ni imaginar la pinta apocalíptica que puede presentar tu celulitis. Mejor ni pensarlo. 
 
 
En este oasis de paz y serenidad, aprietas los dientes con fuerza, que como sigan castañeteando esto va a parecer una jota aragonesa, y cierras los ojos. Los abres aterrada cuando te ponen un aceite helado (o lo que sea) en la espalda y te encuentras con un poster de Bustamante totalmente grasiento, que anuncia un producto de belleza. Esto no es un masaje, esto es una tortura china.
Sales mareada, conmocionada, muerta de frío, oliendo a aceite de coco sintético y con todos los músculos de tu cuerpo en tensión. Pero no pasa nada, que tienes otro cupón para la peluquería!!!
 
           Este artículo es original y está escrito por mí. Si te gusta suscríbete al blog!

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